Categoría: Diario paranoico

  • “Cuando mis hijos se enferman, alguien se apodera de mí”

    Todo comienza cuando de ser las bendiciones más felices y risueñas del mundo su rostro se torna triste, ya no quieren comer y si les preguntas como se sienten te dicen que bien. Pero tú sabes que no es así… y es ahí donde como si fueras una Sailor Scout empiezas a transformar en otra persona y sabes que ya valió… Porque no es una persona con la que te quisieras topar.

    Cambio de personalidad

    Hace unas horas eras una madre (no quiero decir tranquila porque eso no pasa en mi vida ja, ja, ja) pero si un ser tranquilo y pacífico con los demás seres vivos. Es una mezcla entre

    TDAH y ansiedad, que su único propósito es hacer lo mejor por los niños y encontrar la cura más eficiente y rápida, respiras profundo y recuerdas todos los episodios y tu doctorado en Dr.House, que para algo sirvió ver las temporadas 4 veces y no se diga mi favorita Grey,s Anatomy y así me quedo esperando el momento para enviarle un WhatsApp al pediatra (que no pensó las consecuencias de darte su número privado)je,je,je.

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    EL poder de la culpa y la paranoia

    Repasas cada detalle en tu mente cuál detective de la ley del orden para saber que hiciste mal si la metiste muy tarde a bañar y no secaste bien su cabello, si es alérgica al pasto porque ese día la llevaste, en este punto ya me metí al Google para saber escribir sus síntomas y buscar el mejor remedio, que aunque el pediatra me dijo que solo la vigilara y en caso de fiebre le diera paracetamol no creo que sea suficiente porque quien va a saber más el que dedico parte de su vida a estudiar medicina y realizar diferentes especialidades o yo que fui quien la trajo al mundo y ya la he visto así antes y seguro es una infección viral que necesita tratamiento o análisis clínicos.

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    La heroina del caos

    Así es, me convierto en esa madre que ya no duerme, que le da calditos y le pone su serie favorita para que se sienta mejor, la que pone alarmas para que no se le pase alguna medicina no importa que sean las 3 o 4 am. Termómetro cada que me acuerde y volver a repasar diferentes enfermedades y síntomas en la biblia de Google.

    Pero cuando llega el silencio en casa me doy cuenta de que soy humana y que tengo miedo, miedo a perder a mis hijas o que tengan alguna enfermedad no curable, esos pensamientos que llegan si pedir permiso porque tienen que enfermarse los niños porque! Porque cuando mis hijos se enferman me apodero de mi misma, pero es por todo el amor que les tengo y eso es más grande que el miedo o cansancio.

    Ser mama no es un trabajo, es un acto de amor. Y tú que haces cuando tus hijos se enferman ¿Te transformas también?

  • ¡Amarra a tus hijos al carro… o prepárate para el horror!

    Este tema es polémico, pero alguien tiene que decirlo: si no aseguras a tus hijos en el coche, los estás dejando a la suerte de la física y el destino. Y spoiler alert: el destino no siempre es amable.

    ¿Por qué es importante?

    ¿Por qué deberíamos convencer a los padres de que sus hijos deben ir asegurados en el coche? Digo, es solo cuestión de lógica y supervivencia. Cuando son pequeños, su silla especializada. Cuando crecen, su cinturón de seguridad. Pero claro… “eso nunca nos va a pasar”. Hasta que pasa.

    El peligro acecha en todas partes

    No sé ustedes, pero yo he visto verdaderas escenas de terror en la calle: niños brincando atrás como si fueran en un castillo inflable, bebés en las piernas de mamá como si fueran accesorios de moda, y coches en los que la única seguridad es la esperanza y un rosario colgando del retrovisor. Y cada vez que lo veo, me da un microinfarto.

    Antes de ser mamá, confieso que yo también era una imprudente. Subirme sin cinturón era parte del viaje, y nunca me pasó nada. Hasta que tuve hijas y me cayó el veinte: ¡Son mi responsabilidad! ¡Tengo que mantenerlas vivas! (Porque, aunque a veces quieran hacernos perder la cabeza, los queremos vivos… ¿Cierto?)

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    Las críticas vienen incluidas

    Desde que me volví la loca del cinturón, me ha tocado escuchar de todo:

    • “Tú atraes las cosas.”
    • “Si te va a pasar, te va a pasar.”
    • “Encomiéndate a Dios.”
    • “No les pasa nada, no seas exagerada.”
    • “¡Ay, qué paranoica!”

    Y muchas joyitas más.

    Lo peor es que a veces hasta cedí. Quité las sillas, di aventones, incluso dejé que llevaran a mis hijas abrazadas porque “solo era un ratito”. Y cada vez que lo hice, una parte de mí se quería dar de topes contra la pared.

    La realidad da más miedo que las películas

    Los accidentes ocurren. Punto. Y no distinguen entre trayectos cortos o largos.

    Cada día hay muertes y lesiones graves en niños que iban sin silla, sin cinturón o simplemente en el lugar equivocado del coche. La pregunta es: ¿Quieres que tu hijo sea una estadística?

    Según el blog AS3 Cada año mueren más de 100 mil niños en accidentes de tránsito en el mundo

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    ¡Abróchalo aunque grite como poseído!

    Los bebés quieren brazos, calor, lechita. ¿Y qué pasa cuando los pones en su silla? Drama, llanto, berrinche de nivel Oscar. Y lo más fácil es decir: “Ay, pobrecito, lo abrazo mejor”. Pero, a menos que seas un Transformer blindado capaz de amortiguar impactos, no vas a poder protegerlo si pasa lo peor.

    Así que sí, aunque llore, patalee, te grite en un idioma desconocido y te haga sentir la peor madre del mundo…

    ¡ABRÓCHALO! Y dale gracias a la física por permitirte evitar una tragedia.

  • Sobrevivimos a un accidente en la autopista y ahora soy oficialmente más paranoica

    Les juro que nunca pensé escribir algo así, pero aquí estamos. Hace unos días tuvimos un accidente muy feo en la autopista: se nos atravesó un animal y terminamos volcados en una zanja. Sí, así de película. El coche quedó como acordeón, pero milagrosamente todos salimos “bien”. Y digo “bien” porque aunque fue puro golpe, moretones collarines y susto nivel trauma de por vida, en emergencias nos dijeron que no había fracturas ni hemorragias internas.

    El viaje que no debimos hacer

    Ahí íbamos, como si viajar de noche con niños fuera una idea brillante. Mi esposo manejando, yo de copiloto, y nuestras hijas de 10 y 8 años en la parte de atrás. Las dos son flaquitas y chiquitas. Mi hija de 10 años iba en su booster, pero hace unos días le habíamos quitado la parte de arriba porque ya se sentía “muy grande” para la silla completa. Maldita la hora en que lo hicimos. Fue la más afectada: amnesia temporal, un golpe en la cabeza y ojo y muchas horas de observación en el hospital. Afortunadamente, salió sin daños graves, pero aún no recuerda qué pasó.

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    En cambio, la de 8 años iba en su silla para coche, la misma que ha usado desde que nació. Y ahí viene lo impresionante: salió completamente ilesa, como si hubiera viajado en una cápsula de seguridad de la NASA. Ni un rasguño. Nada.

    El coche se perdió, las sillas se quedaron ahí (porque claro, en medio del caos ni me acordé de ellas),

    y se que en accidentes feos no se vuelven a usar ya que cumplieron su cometido pero ahora con el susto y la paranoia en su máximo  esplendor, ya estoy pensando en comprar otras sillas hasta que mis hijas lleguen al límite de peso. Creo que es de 45 kilos (ellas todavía pesan mucho menos.)

    Siempre me criticaban por “exagerada”, por insistir en que las niñas siguieran usando silla. Que si las niñas ya están “grandes”, que si las sillas ya no son necesarias, que si por qué insisto en que siempre vayan bien sujetas aunque eso signifique que nadie más pueda viajar con nosotros en el coche. Pues adivinen qué: tuvimos un accidente. Y no cualquier accidente, uno de esos que te hacen ver la vida pasar en cámara lenta y pensar “así termino todo”.
    Pero después de esto, me pueden decir lo que quieran: mis hijas van a seguir usando silla hasta que vayan a la universidad si es necesario.

    Cómo conocer ángeles en carretera y terminar en un capítulo de La Rosa de Guadalupe

    Miren, una siempre piensa que las tragedias son cosas que les pasan a otros, que en cualquier problema hay un botón mágico llamado 911 que soluciona todo en segundos y que, obvio, en caso de emergencia, tu ubicación exacta aparecerá flotando en el aire como en las películas. Pues no.

    Después de que nos pasara el sustito de nuestras vidas, marqué al 911 con la esperanza de una respuesta rápida. Primer intento: nada. Segundo intento: ¡milagro, alguien contestó! Pequeño detalle: no tenía idea de dónde estábamos. Porque claro, ¿quién necesita saber su ubicación cuando viaja? Afortunadamente, un alma caritativa nos ubicó y nos envió las coordenadas. Benditos sean los que sí saben usar la tecnología para algo más que memes.

    El problema era que no nos veíamos. Así que, en un arranque de creatividad y con el mismo miedo de caernos, me subí a la orilla de la zanja y empecé a hacer señales con la linterna del celular. Porque sí, en plena crisis, pensé: ¿Quién se pararía a ayudar con tanta inseguridad? Pero, sorpresa, una camioneta se detuvo. Un hombre bajó y preguntó cómo estábamos. Me dieron ganas de abrazarlo, pero, dado el contexto, opté por no asustarlo más. Nos ayudaron a sacar a las niñas y alejarnos del coche, y su compañero llamó a la ambulancia mientras intentaba ubicarnos con señalamientos.

    Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que mi esposo sangraba y mi hija de 10 años lloraba y temblaba de frío. El buen samaritano me dijo: No deje que se duerma, y ahí sí sentí el pánico en su máxima expresión. Pero, como si fuera el episodio más conmovedor de La Rosa de Guadalupe, sacó una cobija  y nos la prestó. Nunca terminaré de agradecerles lo que hicieron por mi familia. No sé sus nombres, solo que viajaban a la Ciudad de México por trabajo. Alcancé a tomar las placas de su camioneta, y antes de irse nos desearon lo mejor. Obvio, los quiero sin conocerlos.

    Aquí debería terminar la historia, pero claro que no, porque siempre hay un giro inesperado. Llega la ambulancia y nos llevan a mi hija y a mí. ¿Y mi esposo y mi hijita que salió sin ningún rasguño? Ah, pues según vendrían en otra ambulancia. ¿Y qué pasó? Pues sorpresa,aparte de ambulancia les mandaron una noche de cortesía con  la Guardia nacional, detenidos casi 5 horas hasta que llegara él asegurador.

    Porque claro, después de un accidente lo que más necesitas es un proceso burocrático lleno de eficiencia y empatía. (Sarcasmo modo: ON). Al final se tocaron el corazón porque no hubo fallecidos y les dieron un aventón al hospital donde nos encontrábamos.

    Un accidente, una zanja y mucho pánico: la noche que no olvidaré

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    El choque fue fuerte, el coche perdida total, pero mis hijas salieron ilesas. Y ahora viene la parte difícil: ¿cómo se recupera uno de esto? ¿Cuánto tiempo pasa antes de que puedas volver a subirte al coche sin sentir que cada frenón es el fin del mundo? Porque aquí entre nos, solo pensar en subirme a un carro o salir de viaje otra vez me da ataques de ansiedad.

    Y ya que estamos en esto, ¿alguien tiene recomendaciones de sillas de auto ultra reforzadas, a prueba de todo? Porque claro, ahora quiero las más seguras del planeta, aunque ocupen todo el asiento trasero y la cajuela si es necesario. ¿Alguien ha pasado por algo similar? ¿Cómo superaron el miedo post-accidente? Los leo, porque necesito consejos… y tal vez terapia.

    Mientras tanto, si vuelvo a viajar nunca nunca será de noche y lo mas seguro que viajaremos a 20 kilometros por hora, seguiré siendo la mamá paranoica que no quita las sillas del coche y ahora con más razón.

  • “Mi ansiedad y yo: Un amor tóxico que no sabe cuándo irse”

    Mi ansiedad. Ese delicioso compañero de vida que te abraza más fuerte que tu abuela en Navidad, pero sin la calidez ni el cariño. No, la ansiedad no es como un buen café mañanero que te despierta; es más bien como esa amiga que te envía un audio que parece potcast a las 2 a.m. para contarte su día, mientras tú intentas dormir como si tu vida dependiera de eso.

    Este amor tóxico no tiene horarios. No importa si tienes un millón de cosas que hacer, la ansiedad se presenta sin previo aviso, como si fuera una tía que llega a tu casa con una bolsa de plástico llena de chismes y un montón de consejos que nadie pidió. Y no, no se va. ¿Cómo podría? Es la reina del drama, la diva que siempre exige el centro de atención, sin importar cuánto te esfuerces por ignorarla. Es como un ex que sigue enviando mensajes, pero con menos “te extraño” y más “¿por qué no puedes respirar tranquilamente?”

    Lo peor es que, al principio, cuando todo comenzó, no sabías que estabas entrando en una relación con alguien tan controladora. “Un poquito de ansiedad no hace daño”, te decían. Claro, ¿quién iba a imaginar que esa “amistad” casual se iba a convertir en una relación tan tóxica? Primero, fueron unos nervios antes de la junta de trabajo, después una preocupación aquí y allá. Hasta el grado de incapacitarte y dejar de cumplir tus obligaciones.

    He intentado romper con ella muchas veces. Yoga, meditación, tés relajantes, pastillas… pero la ansiedad es persistente, como un spam emocional que no tiene botón de cancelar suscripción. Lo peor es que a veces hasta me hace dudar si sin ella podría ser funcional. ¿Me mantengo organizada por mí o porque ella me susurra al oído todo lo que podría salir mal si no lo hago?

    Sin embargo, estoy aprendiendo algo: mi ansiedad no me define. No soy menos madre, menos mujer, menos yo por tenerla. Es un amor tóxico, sí, pero no invencible. Y aunque no pueda despedirla por completo, al menos puedo aprender a ponerle límites. Como decirle: “Gracias por tu preocupación, pero hoy no te voy a dar protagonismo.”

    En resumen…

    Mi ansiedad y yo somos uno mismo  whoa oh…

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  • Crianza respetuosa: o cómo contenerte cuando solo quieres gritar como loca

    “Diseñado por Freepik”
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    Ahaha, la crianza respetuosa, ese manual no oficial que asume que todos tenemos la paciencia del Dalai Lama, el presupuesto de Kim Kardashian y una nanny de tiempo completo para cada uno de tus hijos. Aquí andamos, clase media guerrera, intentando descifrar cómo validar emociones mientras haces malabares con un sueldo que nunca alcanza, un tráfico que parece diseñado por tu peor enemigo y las noticias de que la canasta básica ya subio otravez.

    Las madres perfectas que vemos en Instagram

    Ah, claro, las madres de Instagram, ese grupo selecto de mujeres que parecen haber firmado un pacto con los dioses de la perfección. Siempre perfectamente peinadas, con hijos que no lloran ni se ensucian, y con desayunos que parecen salidos de un concurso de arte culinario: “Hoy, pancakes en forma de unicornios con chispas de arcoíris orgánicas”. Por supuesto.

    Mientras tanto, tú en la vida real, tratando de no gritar y decir groserías y buscando desesperadamente los zapatos y la credencial de la cria. Pero no pasa nada, porque según Instagram, todo se arregla con un filtro y una buena descripción motivacional: “Ser mamá no es fácil, pero mírenme a mí, soy básicamente Beyoncé con una escoba”. 🙃

    Y ahí estoy yo, respirando profundo, repitiéndome el mantra de la crianza respetuosa: “Es solo un niño. Tiene emociones grandes en un cuerpo pequeño. Sé el adulto. Sé la madre buena.” Pero en mi cabeza, el adulto está gritando cosas como: “¡chingada madre!”

    La bendita culpa

    Claro, también está la culpa. Porque después de haber leído todo sobre validación emocional, ¿cómo vas a ser la mamá que grita? ¿Cómo le vas a destruir la autoestima a esa criatura que, cuando no está desafiando tu cordura, es básicamente un angelito? Así que haces tu mejor esfuerzo: te agachas a su nivel, validas sus sentimientos (y los tuyos, porque también tienes derecho a sentir que te estás desmoronando por dentro) y respiras otra vez.

    Al final, funciona. Encontramos los zapatos. Llegamos tarde, pero llegamos. Y esa noche, cuando lo ves dormido con esa cara hermosa, te convences de que la crianza no esta mal. Aunque en el fondo, sabes que mañana volverás a desquisiarte, gritar y que al salir de la casa los vecinos te vean como la peor de las madres.

    Así que, mamás paranoicas del mundo, les digo esto: estamos haciendo lo mejor que podemos. A veces gritamos, pero también abrazamos, besamos y pedimos perdón. Y eso, creo yo, también es crianza respetuosa.

    ¿Tú cómo lidias con esos días en los que solo quieres llorar? Cuéntamelo en los comentarios, que necesitamos terapia grupal. 👇

  • “Mi Historia con la Depresión Postparto: Lo que Aprendí y Cómo Me Recuperé (o al Menos eso pienso)”

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    Bien, ¿por dónde empezar? Padres o futuros padres, si pensaban que ser madre era solo pañales, mundo rosita y caritas lindas, permítanme arruinarles el sueño. Hoy voy a hablar de algo que probablemente no se menciona en los anuncios de artículos para bebes o en los blogs de “cómo ser la mamá perfecta”. Voy a hablar de la depresión postparto, esa presencia incómoda que aparece sin invitación, te roba el brillo de ojos y tu salud mental y te deja preguntándote si de verdad eres capaz de manejar todo el caos de la vida con un bebé.

    La primera vez que escuché sobre la depresión postparto, fue cuando la tuve, ni siquiera creí que eso existía. Yo quería ser una supermamá. Y la realidad fue ¡No era feliz!” Y, claro, después descubrí que ¡sorpresa! La vida no es tan padre con las mamás que se creen superhéroes.

    Entonces, aquí estoy, lista para contarles cómo me enfrenté a mi versión de la depresión postparto, ese fabuloso estado mental en el que te preguntas si alguna vez volverás a ser una persona funcional, o si el único propósito en la vida es aguantar y no llorar por cosas que no tienen sentido. (Porque, la realidad, habemos personas que lloramos por cosas que no tienen sentido, pero eso no lo sabías hasta que te pasó).

    ¡No Estaba “Triste”! Estaba “Cansada… y Asustada”

    Lo primero que aprendí es que la depresión postparto no es solo estar triste. No, no, papis. No es como cuando te sientes triste por terminar una relación o una persona muy cercana falleció. No. La depresión postparto es estar tan agotada, tan desbordada, que no sabes si te duele el corazón o si te va a estallar la cabeza. Y sí, todas esas historias cursis sobre la maternidad que nos dicen que debemos ser “madres felices” y “disfrutar cada momento”… bueno, esas son puras mentiras. Es como una especie de conspiración contra las mamás que no tienen la energía para sonreír mientras le das un biberón a tu bebito a las 3 a. m.

    La primera vez que me di cuenta de que algo no estaba bien fue cuando no podía dormir durante días porque tuve miedo que mi bebe se ahogara o ya no despertara. ¿Días? Sí, y en vez de disfrutar de esas “maravillosas primeras noches” con mi nena, estaba allí, en mi cama, Ansiosa como si el mundo se fuera a acabar. Solo quería tirarme por el retrete y que todo acabara. Y cada día empeoraba mi sentir, pensaba: “¿Qué rayos está pasando conmigo? ¿No debería ser feliz? Tengo un bebé perfecto… ¿Por qué no soy feliz?”

    Pues resulta que no era solo el cansancio. No. Era la depresión postparto, esa bonita condición que te hace sentir que, en lugar de estar celebrando la vida, lo que realmente estás haciendo es preguntarte si eres una persona horrible por no disfrutar de tu bebé como las madres de los anuncios. Spoiler: No eres horrible, pero te lo haces creer todo el tiempo.

    La Carga de la Culpa: “¿Por Qué No Soy Feliz?”

    Voy a hablar de algo que la gente no menciona mucho: la culpa. ¡Ay, la culpa! Te dicen que ser madre es lo mejor del mundo, pero nadie te dice que la maternidad viene con una dosis de culpa. Así que, imagínate el panorama: no solo tienes que lidiar con la idea de que no estás siendo la madre ideal (porque claro, esa madre ideal no existe), sino que además tu bebe tiene reflujo y cada que lo acuestas vomita y tú crees que es porque tu leche no sirve! (pero bueno eso lo cuento en otra historia) te sientes culpable por no sentirte como las madres perfectas que ves en Instagram, mientras sostienes a tu bebé que no para de llorar por hambre o por tener cólicas. ¡Ah, y por supuesto, no olvidemos el postparto! ¡Eso sí que es una maravilla! Es como si tu cuerpo estuviera gritando: “¡Gracias por destruirme! Y ahora tienes que mantener la calma como si no pasara nada”

    Y en medio de todo esto, pensaba: “¿Cómo puede ser que esta vida perfecta que me vendieron no se sienta tan perfecta?” (Ah, pero claro, no te cuentan todo el drama interno que viene con ese “momento perfecto”).

    “El Toque Divertido: ¿Quién Está Realmente Bien en Su Maternidad?”

    La cruda realidad. Honestamente, yo me sentía como la única mujer en el mundo que estaba pasando por esto Y luego, en una conversación con una doctora me dijo “tienes depresión postparto”Ay, por favor, yo también pasé por eso. Y no le dije a nadie hasta que ya estaba más o menos bien, porque ¿quién va a admitir que no disfruta ser madre las 24 horas del día?”

    ¡Vaya, las malditas apariencias! ¿Por qué nadie nos cuenta la verdad? ¿Por qué todo tiene que ser tan bonito cuando, en realidad, nadie está bien todo el tiempo? Sí, la maternidad es preciosa, pero también es un desmadre emocional que te tira al piso sin previo aviso. Y lo que más me sorprendió fue darme cuenta de que, ¡espera!, no soy la única madre llorona, que no duerme y no tiene ni la más remota idea de qué es ser madre.

    La Recuperación: O lo que Me Dicen que Es “Recuperarse”

    Entonces, ¿cómo salí de todo esto? Pues, sinceramente, no fue un proceso tan mágico como lo pintan en las películas. No me levanté una mañana y dije: “¡Wow, ya soy feliz de nuevo!” No, no, no. Fue un montón de pasos pequeños, y algunos de ellos fueron superincómodos. Empecé por admitir que no estaba bien. Y después de eso, pedí ayuda. Porque, sorpresa, no tienes que hacer todo sola (y, si eres como yo, tienes que aprender a pedir ayuda, porque la perfección no existe, y está bien).

    También, encontré momentos para respirar. Aunque no eran largos, eran momentos. Un café a solas. Un baño sin que alguien toque la puerta. Esos pequeños momentos en los que te dices: “Ok, aún soy humana y merezco respirar”. Y, por supuesto, hablé con mi terapeuta, quien me dijo cosas como “es completamente normal sentir lo que sientes” (lo cual es mucho más útil de lo que parece, porque cuando estás en el hoyo, cualquier cosa que te diga que no estás loca es un alivio).

    En resumen

    Una situación que no pedí, pero que, al final, me enseñó mucho sobre la vida, la maternidad y, sobre todo, que no tengo que ser perfecta para ser suficiente.

  • “Intensamente 2: Una Mirada a los Trastornos desde Dentro”

    ¿Te hizo llorar la película? Spoiler

    Huye si no has visto la película.

    https://cinepolis.com/pelicula/intensamente-2

    Hubo una frase en especial que me hizo estremecer… Decía algo así: “Quieres ayudarla , pero le estás haciendo daño” refiriéndose al personaje Riley.

    Me estresé con Ansiedad uno de los nuevos personajes y en algún momento le estaba dandole la razón, ya que la realidad es que todo lo que estaba haciendo es tratar de ayudarla.

    Me identifiqué demasiado y aunque se trata de una niña en pubertad que está viviendo cambios en su personalidad y manejo de emociones, muchas personas adultas lo vivimos a diario y no solo es una etapa… La vergüenza, la desesperación, la envidia y la ansiedad son reales y algunas personas no podemos controlarlos siempre.

    La frase de “No soy suficiente” la he tenido muchas veces en la cabeza y la película me hizo recordarlo. Me parece una película muy emotiva que retrata las emociones humanas y muestra que todas estas son normales y en algún momento las hemos sentido.

    Como conclusión: Debemos aprender a vivir con ellas siempre y cuando no se convierta en algún trastorno como la ansiedad generalizada y nos afecte en nuestra vida.

    Espero que sigan haciendo muchas continuaciones de la película intensamente.

  • “¿Mi Bebé Respira? – La Vida Cotidiana de una Mamá Paranoica”

    Los primeros temores

    Recuerdo cuando nacío mi beba, no dejaba de llorar y le pregunte al doctor que si todo estaba bien con ella, la revisaron y me la dieron un momento y cuando le hable ella dejó de llorar, fue un momento muy bello y en un par de días nos fuimos a casa. Por fin estábamos lejos del hospital y empece a sentirme intranquila y ya no sabía como dormirla y cuidarla, ya que algunas personas me decían que la acostara de lado y otras que boca arriba también me comentaron que la envolviera con la cobija apretando sus manos para que no se rasguñara al moverlas. Esta situación comenzó a desencadenar pensamientos paranoicos al no saber como protegerla.

    La respiración

    Por si no lo sabías los bebes recién nacidos respiran más rápido que un niño mayor o un adulto, ya que su frecuencia respiratoria es de 40 respiraciones por minuto y cuando está dormido puede disminuir hasta 20 por minuto. Pero si tiene dudas sobre la respiración de tu bebe te recomiendo le preguntes a su pediatra y así puedas salir de dudas.

    Si tienes dudas respecto al tema te dejo estas recomendaciones

    Posición boca arriba (supino) para dormir: La posición más segura para acostar a un bebé es boca arriba (supino). Esta posición reduce el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) y permite que el bebé respire fácilmente.

    Colchón firme y superficie plana: Asegúrate de que la superficie donde duerme el bebé sea firme y plana. Evita el uso de almohadas, cojines sueltos, mantas gruesas o juguetes blandos en la cuna, ya que pueden representar un riesgo de asfixia. En caso de que tu bebe tenga reflujo se recomienda usar el colchón un poco inclinado o usar cojines antireflujo.

    Sábana ajustada: Usa una sábana ajustada que se ajuste bien al colchón de la cuna para evitar que se suelte y represente un riesgo para el bebé.

    Evitar el sobrecalentamiento: Viste al bebé con ropa adecuada para la temperatura ambiente y evita el sobrecalentamiento. Los bebés no necesitan demasiadas capas de ropa para dormir.

    Dormir en la misma habitación, pero no en la misma cama La Academia Americana de Pediatría recomienda que los bebés duerman en su propia cuna o moisés cerca de la cama de los padres, pero no en la misma cama. Compartir la cama con un bebé aumenta el riesgo de SMSL y otros peligros de seguridad.

    Cuida la posición: También es importante darle tiempo boca abajo mientras está despierto y bajo supervisión para ayudar al desarrollo muscular y prevenir la plagiocefalia (aplanamiento de la cabeza).

    Haz una rutina de sueño: Establece una rutina de sueño consistente para tu bebé, lo que puede incluir un ritual relajante antes de acostarse, como un baño tibio, un masaje suave o leer un libro.

    Estas recomendaciones te ayudarán bastante para crear un espacio seguro para tu bebe y sentirte un poco más tranquila. Claro que si tiene dudas al respecto de como dormir a tu bebe no dudes en consultar al pediatra.

  • Cómo Afrontar el Miedo Excesivo de una Mamá Paranoica

    Para mí ser una mamá paranoica ha sido agotador y la carga emocional es muy grande. El preocuparme tanto y el miedo excesivo me han hecho sentir culpable. Lo cual en un principio no me dejo disfrutar mi maternidad.

    Te comparto algunos consejos para afrontar las emociones y pensamientos negativos y así encontrar un poco de equilibrio.

    Reconociendo la mamá paranoica que llevamos dentro

    Te comparto algunos consejos para afrontar las emociones y pensamientos negativos y así encontrar un poco de equilibrio.

    Reconociendo la mamá paranoica que llevamos dentro

    El término Mamá paranoica lo defino como “Una madre con mucho temor de que a sus hijos les pase algo malo” Imagina que te sientes ansiosa en situaciones normales y creas escenarios catastróficos en situaciones cotidianas, ¿te ha pasado?, a mí sí.

    Desde despertarme en la noche para ver si mi peque sigue respirando, hasta desconfiar de las intensiones que tienen las personas hacia mis hijos. Y la lista crece y crece y no terminaría, como una ocasión que fui al súper y tenía a mi hija en la carriola amarrada, pero no podía dejar de voltear a verla y mejor me la amarre con un fular. Tal vez esto resulte muy familiar y se pueda decir que es normal en las madres primerizas, pero yo no dormía y todo el día tenía esa sensación de que algo malo iba a pasar incluso estando en mi casa.

    Entendiendo porque tenemos culpa

    Si bien el sentir ansiedad en cada momento no fue suficiente, comencé a sentirme culpable de no ser una madre perfecta y no amar mi maternidad, mi embarazo no fue nada bello ni fácil, siempre estaba achacosa, con infección urinaria, con anemia, contracciones y riesgo de aborto. Lo que comencé a entender es que vamos aprendiendo en el camino y siempre vamos a necesitar apoyo, porque la realidad es que no podemos solas.

    Desconozco el origen de mis miedos, pero seguro mi infancia y adolescencia tuvieron que ver para entender La terapia me ha ayudado a entender este punto.

    ¡Nunca me preocupe por las imágenes de niños desaparecidos porque decían que no era verdad, pero cuando tuve hijos todo cambio, cada imagen en las redes sociales era como una punzada en mi corazón, en verdad no se lo deseo a nadie!

    Promueve actividades relajantes y no me refiero solamente a darte un baño caliente, necesitas tiempos de descanso para recargar energías. Yo hasta la fecha procuro tomar siestas, si entre semana no puedo agarro un espacio los fines de semana no me importa que me digan floja, yo entendí que necesito descansar porque mis pensamientos me cansan demasiado.

    Si tienes la fortuna de ir con un ginecólogo y sientes o tienes alguno de los pensamientos de los que hemos estado hablando, díselo, si él no te escucha díselo a la enfermera que le pone la vacuna a tu bebe, al pediatra o a tu amiga, algunos dirán que estás mal, pero aunque sea uno te va a escuchar y te entenderá y no sabes lo bien que se siente, ahora si no encuentras a nadie escríbelo, busca en internet hay muchas mujeres por ahí que se sienten igual que tú. 

    No estás sola en esto.

    Venciendo el Miedo irracional

    Identifica y cuestiona pensamientos negativos: Utiliza técnicas de pensamiento positivo y reemplaza pensamientos catastróficos por realistas.

    Desarrolla habilidades de afrontamiento: Aprende técnicas de relajación, como la meditación o la respiración profunda, para reducir la ansiedad. Puedes hacer yoga e en tu casa y desde tu celular.

    Aceptación

    Como madre paranoica debemos entender y aceptar que no podemos controlar todo y que está bien cometer errores en la crianza.

    Somos madres imperfectas y es parte de este viaje en la maternidad y una vez que lo aceptemos será mejor.

    Pero bien, el ser madre para mí ha sido frustrante, difícil, pero muy bello, al terminar el día y después de no haber sentido que di el ancho sus caritas diciéndome mama te amo, te toca dormir conmigo o simplemente un abrazo apretado con sus manitas, me hacen sentir que algo bueno debo haber hecho en la vida. Todas nos estamos volviendo locas, pero unas con menos ansiedad que otras.